Mezclar los superhéroes, la década de los 70 y las series sentai japonesas puede ser explosivo. Pero eso no asustó a Stan Lee cuando allá por 1978 Marvel negoció con la productora Toei la adaptación de Spiderman a serie de televisión, a imagen y semejanza de la que por entonces se emitía en los USA. Bueno, imagen poca y semejanza menos. Porque si el Spiderman carnoso de los setenta lanzaba cuerdas de tender la ropa a modo de redes y esto parecía cuando menos ridículo, su tocayo japonés no tiene nada que envidiarle.
Spiderman, la serie sentai, estaba hecha al gusto oriental, y como tal tenía que tener monstruos enormes, explosiones de traca y un combate final de no más de 20 segundos contra un robot/héroe/combinación de estos que fuera gigantesco. El peregrino argumento del primer episodio es como sigue:
- Qué extraño... no encuentro mis piezas del Lego ni mi Eye Toy... ¿Las ha visto usted, Profesor Monster?
El ejercito Iron Cross, liderado por un tal Profesor Monster, y que es gente mala como revela el que tengan una lugarteniente que va muy escotada, persigue hasta la Tierra una nave llamada Marveler (¿lo cogeis?) que se estampa contra una zona montañosa de Japón. Un científico, el doctor Takuya, acompañado por dos periodistas (hermana y novia respectivamente del prota), acude al lugar del siniestro para investigar lo sucedido, pero las hordas de Iron Cross, formadas por tipos uniformados con licra gris y máscaras de pájaro le hacen abrazar la senda de la ornitología y vivir en armonía haciendo fotos de avutardas zancudas para la Guía Audubon. Bueno, realmente no, pero el hombre hubiera preferido que fuera así. Ante la huída despavorida de las dos acompañantes, los pollos del ejército de Iron Cross hieren mortalmente al doctor Takuya.
Mientras, su melenudo hijo Yamashiro Takuya, aficionado al moto cross como buen setentero japonés adolescente, empieza a oir voces y a ver telarañas en el cielo. Siguiendo las señales de lo que podrían haber sido cataratas congénitas y una leve esquizofrenia llega justo a tiempo de encontrar a su moribundo padre que le da una última lección moral (quiero suponer que le dice el equivalente a "Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad" pero mi japonés está muy malamente). Yamashiro, que se lleva un tajo de uno de los hombres-pajaro en todo lo alto de la yugular, llega a duras penas a la cueva donde reposa la Marveler y donde un alienígena llamado Gaira, del difunto planeta Spider (ejem) le salva la vida a costa de la suya propia y de darle un brazalete capaz de transformarlo en el Protector Arácnido (literal) Spiderman. "Un momento, a Spidey debe picarle una araña radiactiva", direis. Bueno, igual el brazalete es radiactivo, pero es lo único que le pica a Yamashiro, inoculándole una especie de sustancia que le da superpoderes como saltar mucho, girar las paredes para que parezca que trepa por ellas y ver más telarañas por los cielos.
Ya a la venta en su Todo a 100. Cuidado que pincha.
Y por si fuera poco, el brazalete de marras permite controlar a distancia la Marveler con lo que Spiderman puede invocarla cuando se las vea canutas. Con su segunda muerte a sus espaldas en apenas unos minutos, Yamashiro ya ha sido bautizado oficialmente con la "suerte Parker" y ya puede debutar como Spiderman lanzando cordeles trenzados de seda a tipos disfrazados de pájaros.
- ¡Arrr!¡Arriad las velas!
Pero aún hay más: Spiderman tiene su Spidermóvil, que es escupido por la Marveler y que dispara cohetes y todo. En realidad se llama Spider-Machine GP-7 y es un coche de carreras, todo muy apropiado para Spiderman. Y no sólo eso, sino que acoplado a la Marveler, Spiderman hace que se transforme en ¡¡¡Leopardon, el robot felino gigante!!!
Todo parecido con el Spiderman de siempre es poco menos que coincidencia, aunque sería mejor decir que realmente va a base de guiños, eso sí, escasos. Lo único que se puede mencionar al respecto es que el Profesor Monster recuerda vagamente al Doctor Muerte, pero que muuuy vagamente. Eso y que el monstruo que aparece de cara al final del primer capítulo es una especie de versión del Lagarto. Su único cometido es crecer hasta los 100 metros para luego morir de un espadazo (¡!) en mitad de una explosión de petardos.
- Hola, señorita. Soy su amigo y vecino Spiderman, y... ¿cómo, una arruga en los leotardos? Oh, no, es que me alegro de verla.
Eso es lo que pasa cuando le dices a una productora "Toma este personaje y haz con él lo que tú creas que resulte rentable". En defensa de Toei hay que decir que ellos querían respetar más la historia original, al estilo del manga de Spiderman que dibujó Ryoichi Ikegami (Santuario, Crying Freeman...) pero Bandai quería vender muchos juguetes y dar salida al dichoso robot Leopardon y al cochecito de carreras. En fin, hubiera sido curioso ver qué hubiese resultado del segundo projecto Marvel/Toei llamado Battle Fever J y que adaptaba, como su nombre indica al Capitán América. Pero eso no se hizo... ¿o sí?
- ¡Por el poder de Grayskull!
Un último susto: ¿sabiais que New Line Cinema (propiedad ahora de Warner) tiene los derechos para hacer una película de Veneno y como no puede mencionar a Spiderman iban a cambiar el origen para que Eddie Brock encontrara al simbionte en una nave alienígena estrellada en una cueva y que la araña del emblema fuera una marca de contención del planeta de origen, que supuestamente era de una raza arácnida muy avanzada? En New Line debe haber muchos antiguos ejecutivos de la Toei, o mucha maceta de marihuana. O quizá ambos...