¡Santos seriales cinematográficos!
Me encanta la ciencia ficción, pero tengo especial debilidad por la ciencia ficción añeja, la de la primera mitad del siglo pasado. La que tenía científicos locos que inventaban "rayos de la muerte" que se disparaban por unos tubos de plástico transparente con bombillitas y unas arandelas muy monas. En cierta forma era entrañable. Recuerdo que en el segundo canal autonómico valenciano, Punt 2, hace unos años les dió por emitir un ciclo con seriales como Flash Gordon Conquista El Universo y lindeces por el estilo. Sobre todo el clímax llegaba al final de cada capítulo donde el/los protagonistas se quedaban en lo que se llama un cliffhanger, o una situación límite, y se presentaba el mensaje que anunciaba la continuación en el próximo episodio y la solución a la trampa que, siempre parecía que ahora sí, iba a acabar con la existencia del héroe en cuestión. Obviamente, el grado de caspa que alcanzan estas cosas hoy en día haría estallar los más potentes medidores geiger, pero a su particular modo, a los ojos de un friki como servidor estas cosas son entretenidas, y yo me paraba a pensar en algún cinéfilo, hace 60 años, que fuera con el bocadillo bajo el brazo a ver los seriales al cine antes de ver la última de Judy Gardland y pensaba que para la época, debían disfrutar como enanos. Hoy en día ya no se hacen cosas así.
Un momento, ¿he dicho que no? ¡Para nada! La ciencia ficción al estilo clásico retorna con toda la potencia de la tecnología actual, sin traicionar por ello su espíritu. Hoy he estado un poco más cerca de ese público de hace 6 o 7 décadas, ya que hoy me lo he pasado teta viendo Sky Captain Y El Mundo Del Mañana.
Y es que pese a ser una película rodada este mismo año, tiene todo el regustillo viejo (o "vintage" como mola decir ahora) de los seriales en los que se inspira. Voy a enumerar algunas razones por las que esta película me ha parecido genial procurando no destripar nada:
- Robots gigantes voladores que disparan rayos por los ojos.
- Protagonista chulesco con chupa de aviador.
- Combates aéreos contra máquinas imposibles.
- Experimentos ultrasecretos.
- Científicos megalómanos (¡SÍ!¡Yuju!).
- Pistolas desintegradoras.
- Mecanismos del Fin del Mundo.
- ¡Y todo esto sólo en la primera media hora! Hay mucho más luego que no voy a revelar en previsión de spoilers.
Pero sobre todo, hay que decir que visualmente esta película es impresionante. No hay ni un solo decorado, todo es digital. Hasta uno de los actores es digital, el difunto Sir Laurence Olivier, informáticamente resucitado a partir de tomas y frases anteriores suyas. Tanto ordenador siempre da el cante, por supuesto, por eso se suele optar por poner filtros a la imagen (George Lucas, por ejemplo, usa uno granulado para sus droides infográficos). Aquí el filtro es una perenne tonalidad sepia, como si frente al objetivo de la cámara colocaran una media para dar un efecto ocre. Esto, y detalles como las ondas de radio o las superposiciones de los titulares de los periódicos aún le acentúan ese aire retro que pretendía la película. ¿El argumento? Retro también, no hay que buscarle tres pies al gato. No es el mejor guión del mundo, pero los seriales no lo necesitaban.
Si pensaís que vuestra película ideal debe tener alguno de los elementos que he listado más arriba, agenciaros un buen cubo de palomitas, un par de litros de Coca-Cola y corred a ver Sky Captain. Os divertireis.
Se ve que cuando el calvo de la lotería sopló en esta dirección tenía el viento en contra porque ni la pedrea, vamos. En fín, lo importante es tener salud. – dijo entre arranques de tos.
